¿Y SI NO VIENE IKEA?
Las cartas sobre la mesa: el que suscribe esto tiene casi toda su casa decorada con muebles de una de esas multinacionales suecas que ha logrado democratizar el diseño haciéndolo accesible a todos los bolsillos (H&M sería otra). Tengo a mis espaldas kilómetros de carretera en coches prestados o furgonetas alquiladas junto a parejas de amigos que montaban casa para llenar los vehículos de paquetes planos, estanterías Billy y pijadas varias para los que disfrutamos en la cocina. Me gusta Ikea, me alegré de que abriera en Murcia porque suponía ahorrarme 300 kilómetros en mis peregrinaciones periódicas para ir a Madrid y en mi casa nos hemos acostumbrado a pronunciar nombres de muebles suecos como si fuéramos nativos de Göteborg.

Ahora nos encontramos con que hay posibilidades de que Ikea venga a Alicante. Al principio pensamos ¡Alegría! ¡Puestos de trabajo!¡Mesas y sillas baratas! ¡Por fin pisos de alquiler para la gente joven con muebles modernos y sin sofás enanos de la época de la abuela del arrendador! ¡Alicante guapa, guapa y guapa también en los interiores!¡Una empresa en cuya publicidad habla de “República” tiene que molar! ¿Verdad?... Entonces, te enteras de que la llegada de Ikea tiene un precio que nada tiene que ver con los de su catálogo. De hecho, varios precios:
Hace poco participé en una sesión con Nurope, una Universidad Europea Itinerante, un auténtico tanque de pensamiento de expertos y eruditos que quieren hacer que nuestro continente avance hacia su integración con un ojo puesto en las posibilidades de las Nuevas Tecnologías para comunicar y expandir el conocimiento. Allí estaba yo, con mi inglés funcional, explicando un power point sobre uno de los proyectos culturales en los tengo el honor de trabajar. En los coloquios de estas sesiones, los europeos solían reflexionar con el orador sobre la situación de la cultura, industria o educación locales. Así que una señora austríaca tomó la palabra y me hizo una reflexión que me dejó de piedra: “Dada la tradición de industria del mueble tan amplia que tenéis en la zona, imagino que de aquí saldrán muchos diseñadores industriales que innovarán en el tema de diseño de muebles…”.
Me costó reaccionar. La afirmación era de una simpleza y de una lógica aplastantes. Al principio, le expliqué que, a pesar de lo deseable del panorama que ella suponía, la caduca industria del mueble local, que todo el mundo da por muerta si llega Ikea, no tiene un ojo puesto en la tendencia y en el diseño, y que los licenciados en la escuela de Artes y Oficios suelen decantarse más por el diseño gráfico y artístico que no por crear muebles modernos, bonitos, baratos y fáciles de transportar para que los fabricantes de toda la vida se ganen de nuevo al público autóctono. Mientras decía esto, algo hizo clic en mi cabeza: ¡Esa es la alternativa si Ikea no viniera!
Si el ayuntamiento no cede al chantaje sueco, nos podemos concentrar en crear . Tenemos tradición de buenos diseñadores (Javi Crespo, Manuel Galdón, IamIcan…) que podrían volcar su creatividad hacia la salvación de la industria del mueble local (cuyo aislamiento, precios elevados y ausencia de I+D les está condenando a desaparecer) aportándoles la dosis de diseño e innovación de la que carecen hoy en día, podríamos formar nuevas generaciones de diseñadores, podríamos impulsar marcas “denominación de origen” desde las instituciones, podríamos en suma crear un nuevo yacimiento de empleo. El mercado ha dicho que los diseños asequibles de ikea y su modelo de empaquetado son los que le gustan al consumidor. Pongamos en contacto a nuestros diseñadores con la industria del mueble local para que ayuden a modernizarlas y, de esta manera, volver a atraer la atención de los consumidores locales.






